31-dic-2008
P!NK de año
El termino "rave" ha sido muy explotado en nuestro medio, al punto de haber perdido su significado. Se lo ha usado para denominar fiestas comunes y se dice "ravers" a quienes asisten a ellas, nada más lejos de su verdadero significado. El 31 de diciembre le devolvimos su sentido original al término, y quienes asistieron pueden con derecho proclamarse ravers.
Una rave es una fiesta secreta, espontánea. Su lugar no se da a conocer hasta último momento, incluso a veces los invitados son llevados personalmente a un destino desconocido. El "misterio", a pesar de ser una de sus cualidades más buscadas, no es per se. Las raves se realizan en lugares abandonados o escondidos, que se apropian sin autorización; resulta riesgoso develar demasiada información antes de tiempo.
En 31 de diciembre de 2007 habíamos realizado nuestra primera rave. La experiencia fue tan gratificante que desde ese momento estuvo en nuestras mentes el siguiente fin de año. El problema que nos ocupó fue encontrar el lugar perfecto para superar la fiesta del año anterior. Cuando finalmente lo vimos, supimos que debía ser allí, era ideal, nos estaba esperando en su estado letárgico entre vidrios rotos, tierra, envases tirados y restos de objetos. El día de la fiesta lo restauramos rápidamente, aprontamos todo y avisamos a los invitados.
Luego de los festejos tradicionales de año nuevo comenzó el "operativo". Todo había sido organizado previamente para poder poner en pie una rave en cuestión de minutos; el lugar estaba preparado, los equipos cargados en el camión y la gente a punto de llegar. Coordinadamente, los integrantes de P!NK nos fuimos encontrando en el lugar, para poner manos a la obra.
La noción del tiempo se escapó de nuestro control y cuando la recobramos, no sólo estaba todo listo, sino que ya la fiesta había alcanzado su cúspide. El arranque fue instantáneo.
La noche entera tuvo un tinte surrealista, en el vasto mar de personas dentro de la pequeña iglesia no era posible distinguir las caras, ni ver más allá del entorno inmediato, pero no era necesario; era cuestión de dejarse llevar por esa marea, siguiendo la música y el feeling de la gente. El ambiente místico se mantuvo sin desvanecerse hasta el amanecer que barrió la oscuridad. Las proyecciones y la música supieron crear esos momentos de trance que buscan este tipo de fiestas.
Al finalizar la rave, quienes formamos parte de su realización, a pesar de las largas horas de trabajo y sin descanso, nos sentimos de alguna forma enaltecidos. Habíamos creado un recuerdo.












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